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Francisco desde Santa Marta

papa francisco desde santa marta

El Papa Francisco se dirige a diario a distintos grupos de empleados del Vaticano y al mundo entero. Desde su púlpito en la casa Santa Marta, donde se hospeda el propio Obispo de Roma, hace de sus homilías una catequesis necesaria para todos los que somos Iglesia. En esta sección publicaremos a diario lo más destacado de sus homilías que acompañaremos siempre con un vídeo que a buen seguro te servirá para hacer meditación y oración.

Homilía 13 de Octubre de 2014

El Papa Francisco ha dicho hoy, en su homilía matutina de Santa Marta, que debemos abrirnos a las sorpresas de Dios y no cerrarnos ante los signos de los tiempos. El Papa, comentando las palabras de Jesús a los doctores de la ley, pidió a los fieles que no permanezcamos sujetos a nuestras propias ideas, sino que caminemos con el Señor, encontrando siempre cosas nuevas.

Jesús habla a los doctores de la ley que le piden un signo y los define “generación malvada”. El Santo Padre partió de este pasaje del Evangelio para detenerse sobre el tema de las “sorpresas de Dios”. Y observó que tantas veces estos doctores piden signos a Jesús, y Él les responde que no son capaces de “ver los signos de los tiempos”:

“Porque estos doctores de la ley no entendían los signos del tiempo y pedían un signo extraordinario (Jesús se los dijo después). ¿Por qué no entendían? Ante todo porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema, habían ordenado la ley muy bien, una obra de arte. Todos los hebreos sabían qué cosa se podía hacer, y qué cosa no se podía hacer, hasta dónde se podía ir. Estaba todo organizado. Y ellos estaban seguros allí”.

Para ellos eran “cosas extrañas” esas que había Jesús: “Ir con los pecadores, comer con los publicanos”. Porque a ellos “no les gustaba, era peligroso; estaba en peligro la doctrina, esa doctrina de la ley, que ellos”, los “teólogos, habían hecho a lo largo de los siglos”. Además, Francisco reconoció que “lo habían hecho por amor, para ser fieles a Dios”. Pero “estaban encerrados allí”, “sencillamente habían olvidado la historia. Se habían olvidado que Dios es el Dios de la ley, pero que también es el Dios de las sorpresas”. Por otra parte – dijo Francisco – “también a su pueblo, Dios le ha reservado sorpresas tantas veces” como cuando los ha salvado “de la esclavitud de Egipto”:

“Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; que jamás reniega de sí mismo, que jamás dice que lo que había dicho era incorrecto. Jamás. Pero nos sorprende siempre. Y ellos no entendían y se encerraban en aquel sistema hecho con tanta buena voluntad, y pedían a Jesús: ‘¡Pero danos una señal!’. Y no entendían los tantos signos que Jesús hacía y que indicaban que el tiempo estaba maduro. ¡Cerrazón! Segundo, habían olvidado que ellos eran un pueblo en camino. ¡En camino! Y cuando nos encaminamos, cuando uno están en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía”.

Y añadió, “un camino no es absoluto en sí mismo”, es el camino hacia “la manifestación definitiva del Señor. La vida es un camino hacia la plenitud de Jesucristo, cuando vendrá por segunda vez”. Esta generación – dijo también el Papa – “busca un signo”, pero el Señor dice: “no le será dado ningún signo, sino el signo de Jonás”, o sea “el signo de la Resurrección, de la Gloria, de aquella escatología hacia la cual estamos en camino”. Y estos doctores – reafirmó – “estaban encerrados en sí mismos, no estaban abiertos al Dios de las sorpresas, no conocían el camino y ni siquiera esta escatología”. De este modo, cuando en el Sinedrio Jesús afirma que es el Hijo de Dios, “se arrancan las vestiduras”, se escandalizaron diciendo que había blasfemado. “El signo que Jesús les da a ellos – afirmó – era una blasfemia”. Y por este motivo “Jesús dice: generación malvada”.

El Papa observó asimismo que éstos “no habían entendido que la ley que ellos custodian y amaban” era una pedagogía hacia Jesucristo. “Si la ley no lleva a Jesucristo – reafirmó – no nos acerca a Jesús, está muerta. Y por esta razón Jesús les recrimina que están cerrados, que no son capaces de reconocer los signos de los tiempos, que no son capaces de estar abiertos al Dios de las sorpresas”:

“Y esto debe hacernos pensar: yo estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, ¿cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona detenida o una persona que camina? ¿Yo creo en Jesucristo? ¿En Jesús, en lo que ha dicho: que ha muerto, resucitado y terminada la historia? ¿Credo que el camino va adelante hacia la madurez, hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos? Podemos hacernos hoy estas preguntas y pedir al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que ame también las sorpresas de Dios y que sepa que esta ley santa non tiene un fin en sí misma”.

Está “en camino” – reafirmó – es una pedagogía “que nos lleva a Jesucristo, al encuentro definitivo, donde se producirá este gran signo del Hijo del hombre”.

Homilía 03 de Octubre de 2014

¿Creer en Jesús, portador de un mensaje que salva la humanidad de todos los tiempos, o refugiarse en una salvación fruto de “mandamientos hechos por hombres”?. Este es el dilema que el papa Francisco ha planteado en la homilía de este viernes en la capilla de la Casa Santa Marta.

El único deseo de Dios es salvar a la humanidad, pero el problema existente es que a menudo el hombre quiere dictar las reglas de la salvación. Es la paradoja dramática de tantas páginas de la Biblia que llega a su culmen en la vida terrena de Cristo.

El papa Francisco lo ha profundizado a raíz del fragmento del Evangelio en el que Jesús expresa su disgusto al verse atacado por su misma gente, de la ciudad que le dan la espalda a su mensaje: “Si en Tiro y en Sidone se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes -es su advertencia a Corozaíny Betsaida- hace tiempo se habrían convertido“. El Santo Padre ha indicado que en esta severa, pero también amarga comparación, está “toda la historia de la salvación”.

Así como han rechazado y asesinado a los profetas antes que llegara Él, “porque eran incómodos”, ahora hacen lo mismo con Jesús. “Es el drama de la resistencia a ser salvados“, desencadenados por los jefes del pueblo.

“Es justamente la clase dirigente la que cierra las puertas al mundo por las cuales Dios quiere salvarnos. Y así se entienden los diálogos fuertes de Jesús, con la clase dirigente de su tempo: se pelean, lo ponen a la prueba, le ponen trampas para ver si cae, porque se trata de la resistencia a ser salvados. Jesús les dice: ‘Pero yo no les entiendo” y señala que ellos “son como aquellos niños: hemos sonado la flauta y no han bailado; hemos cantado un lamento y no han llorado ¿Pero qué quieren? ‘¡Queremos salvarnos como nos gusta!’. Es siempre este el cierre al mundo de Dios”.

Una actitud esta, que el papa Francisco distingue de la que tiene el ‘pueblo creyente’ el cual, dice, entiende y acepta la salvación traída por Jesús. Salvación que al contrario, para los jefes del pueblo se reducía en sustancia a cumplir los 613 preceptos creados, ‘por su fiebre intelectual y teológica’.

“Ellos no creen en la misericordia ni en el perdón: creen en los sacrificios. Misericordia quieren, no sacrificios. Quieren que todo esté bien acomodado, bien ordenado, todo claro. Este es el drama de la resistencia para la salvación. También nosotros, cada uno de nosotros tiene este drama dentro de sí.

Pero nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo quiero ser salvado? ¿A mi manera? ¿Con una espiritualidad que es buena, que me hace bien, pero que está fija, tiene todo claro y no hay riesgo? O del modo divino, o sea en la vía de Jesús, que siempre nos sorprende, que siempre nos abre las puertas a aquel misterio de la omnipotencia de Dios, que es la misericordia y el perdón. 

Nos hará bien pensar que este drama está en nuestro corazón. Reflexionar si nos sucede que confundimos ‘libertad’ con ‘autonomía’, elegir la salvación que consideramos sea aquella ‘justa’. ¿Creo que Jesús sea el Maestro que nos enseña la salvación? ¿O por el contrario voy por todas partes para alquilar a un gurú que me enseñe otra?

¿Un camino más seguro o me refugio bajo el techo de las prescripciones y de tantos mandamientos confeccionados por los hombres? Y así me siento seguro y con esta ‘seguridad’, es un poco duro decirlo, seguridad con la que compro mi salvación, y que Jesús da gratuitamente con la gratitud de Dios? Hoy nos hará bien ponernos estas preguntas. Y la última: ¿yo me resisto a la salvación de Jesús?

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Homilía 02 de Octubre de 2014

El ángel custodio existe, no es una doctrina fantasiosa, sino un compañero que Dios nos ha puesto en el camino de nuestra vida. Lo sostuvo el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia celebra la memoria de los Santos Ángeles Custodios.

El Pontífice destacó que las lecturas del día presentan dos imágenes: la del ángel y la del niño. Y dijo que Dios ha puesto a nuestro lado a un ángel para custodiarnos. De ahí que afirmara que “si alguno de nosotros creyera que puede caminar solo, se equivocaría tanto”, caería “en esa equivocación tan fea que es la soberbia, o sea creer que se es grande”, autosuficiente. Mientras Jesús – prosiguió diciendo el Papa – enseña a los apóstoles que hay que ser como los niños. “Los discípulos discutían acerca de quién era el más grande entre ellos: había una disputa interna… el afán de hacer carrera, ¡eh! Estos que son los primeros obispos tenían esa tentación de hacer carrera. ‘Eh, yo quiero llegar a ser más grande que tú…’.
No es un buen ejemplo lo que hacían los primeros obispos, pero es la realidad. Y Jesús les enseña la verdadera actitud”, la de los niños: “la docilidad, la necesidad del consejo, la necesidad de la ayuda, porque el niño es, precisamente, el signo de la necesidad de ayuda, de docilidad para ir hacia adelante… Éste es el camino. No quien es más grande”.
Los que se acercan a la actitud de un niño están “más cerca de la contemplación del Padre”, dijo el Papa Francisco, porque escuchan con el corazón abierto y dócil al ángel custodio:

“Todos nosotros, según la tradición de la Iglesia, tenemos un ángel con nosotros, que nos custodia, nos hace sentir las cosas. Cuántas veces hemos escuchado: ‘Pero… esto… debería ser así, esto no va, debes estar atento…’: ¡tantas veces! Es la voz de nuestro compañero de viaje. Estar seguros de que él nos llevará hasta el final de nuestra vida con sus consejos, y por eso dar escucha a su voz, no rebelarnos … Porque la rebelión, las ganas de ser independiente, es una cosa que todos nosotros tenemos; es la soberbia, la que tuvo nuestro padre Adán en el Paraíso terrenal: la misma. No te rebeles: sigue sus consejos […]

Nadie camina solo y ninguno de nosotros debe pensar que está solo, este compañero está siempre: Y cuando nosotros no queremos escuchar su consejo, escuchar su voz, es como decirle: ‘¡Pero, vete, vete!’. Echar al compañero del camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer puede aconsejarse a sí mismo. Yo puedo aconsejar a otro, pero no puedo aconsejarme a mí mismo. Está el Espíritu Santo que me aconseja, está el ángel que me aconseja. Por eso tenemos necesidad. Esta no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa: no, es realidad. Lo que Jesús, lo que Dios, ha dicho: ‘Yo envío un ángel ante ti para custodiarte, para acompañarte en el camino, para que no te equivoques’ […]

Yo, hoy, haría la pregunta: ¿cómo es mi relación con el ángel custodio? ¿Lo escucho? ¿Le digo buen día, a la mañana? ¿Le digo: ‘custódiame durante el sueño?’.¿Hablo con él? ¿Le pido consejo? Él está a mi lado. Esta pregunta podemos responderla hoy, cada uno de nosotros: ¿Cómo es mi relación con este ángel que el Señor ha enviado para custodiarme y acompañarme en el camino, y que ve siempre el rostro del Padre que está en los cielos?”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente: Vaticanes

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Homilía 29 de Septiembre de 2014

El Papa Francisco no habla de Satanás como si de una metáfora del mal se tratara, habla de este ángel caído como una realidad tan palpable y clara como tú y como yo. Está presente en nuestras vidas y su misión es destruir al hombre. A veces,incluso, con motivaciones aparentemente humanistas. Pero no estamos solos. Los Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, nos ayudan y defienden.

Así lo contó hoy Francisco en su homilía que celebra cada día al amanecer en la Capilla de su residencia, Santa Marta:

“Satanás siempre trata de destruir al hombre: aquel hombre que Daniel veía allí, en la gloria, y que Jesús decía a Natanael que vendría en la gloria. Desde el inicio la Biblia nos habla de esto: de esta seducción para destruir, de Satanás. Tal vez por envidia. Nosotros leemos en el Salmo 8: ‘Tú has hecho al hombre superior a los ángeles’, y esa inteligencia tan grande del ángel no podía llevar sobre sus espaldas esta humillación, que una criatura inferior fuera hecha superior; y trataba de destruirlo […]

“Tantos proyectos, excepto los pecados propios, pero tantos, tantos proyectos de deshumanización del hombre, son obra suya, sencillamente porque odia al hombre. Es astuto: lo dice la primera página del Génesis; es astuto. Presenta las cosas como si fueran buenas. Pero su intención es la destrucción. Y los ángeles nos defienden. Defienden al hombre y defienden al Hombre-Dios, al hombre superior, Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto. Por esto la Iglesia honra a los ángeles, porque son los que estarán en la gloria de Dios, están en la gloria de Dios, porque defienden el gran misterio escondido de Dios, es decir que el Verbo ha venido en la carne […]

El deber del pueblo de Dios es custodiar en sí al hombre: al hombre Jesús porque es el hombre que da vida a todos los hombres. En cambio, en sus proyectos de destrucción, Satanás inventa explicaciones humanísticas que van, propiamente, contra el hombre, contra la humanidad y contra Dios:

La lucha es una realidad cotidiana en la vida cristiana: en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro pueblo, en nuestras iglesias… Si no se lucha, seremos vencidos. Pero el Señor ha dado esta tarea principalmente a los ángeles: luchar y vencer. Y el canto final del Apocalipsis, después de esta lucha, es tan bello: ‘Ahora se ha cumplido la salvación, la fuerza y el Reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, aquel que los acusaba ante nuestro Dios día y noche’ […]

Rezar esa oración antigua, pero tan bella, al arcángel Miguel, para que sigua luchando para defender el misterio más grande de la humanidad: que el Verbo se ha hecho Hombre, ha muerto y resucitado. Éste es nuestro tesoro. Que Él siga luchando para custodiarlo”.

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Homilía 26 de septiembre de 2014

Un cristiano no puede comprender a Cristo Redentor sin la cruz, sin que esté dispuesto a llevarla con Jesús. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

Cristiano es igual a “cireneo”. El hecho de tener fe está en esta identificación: se pertenece a Jesús si se sostiene con Él el peso de la Cruz. De lo contrario se recorre una vía “buena” aparentemente, pero no “verdadera”. El Papa inspiró su reflexión en el Evangelio del día, en que Cristo pregunta a sus discípulos qué dice la gente acerca de su persona, recibiendo como respuesta las hipótesis más disparatadas.

Francisco observó que el episodio se enmarca en el contexto del Evangelio en que Jesús custodia “de modo especial su verdadera identidad”. Y recordó que en varias ocasiones, cuando “alguien se acercaba” a comunicarla, “lo detenía”, así como impide también varias veces al demonio que revele su naturaleza de “Hijo de Dios” venido a salvar al mundo. Y esto, explicó el Papa, para que la gente no se equivocara y pensara en el Mesías como en un conductor, venido a echar a los romanos. Sólo en privado, a los Doce, Jesús comienza a “hacer la catequesis sobre su verdadera identidad”:

“El Hijo del hombre,es decir, el Mesías, el Ungido, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los escribas, ser asesinado y resucitar. Éste es el camino de su liberación. Éste es el camino del Mesías, del Justo: la Pasión, la Cruz. Y a ellos les explica su identidad. Ellos no quieren comprender y en el pasaje de Mateo se ve cómo Pedro rechaza esto: ‘¡No! ¡No! Señor…’. Pero comienza a abrir el misterio de su propia identidad: ‘Sí, yo soy el Hijo de Dios. Pero éste es mi camino: debo ir por este camino de sufrimiento”.

Es ésta – afirmó el Papa Francisco – la “pedagogía” que Jesús utiliza para “preparar los corazones de los discípulos, los corazones de la gente, para comprender este Misterio de Dios”:

“Es tanto el amor de Dios, es tan feo el pecado, que Él nos salva así: con esta identidad en la Cruz. No se puede comprender a Jesucristo Redentor sin la Cruz: ¡no se lo puede comprender! Podemos llegar a pensar que es un gran profeta, hace cosas buenas, que es un santo. Pero a Cristo Redentor sin la Cruz no se lo puede comprender. Y los corazones de los discípulos, los corazones de la gente no estaban preparados para entenderlo. No habían entendido las Profecías, no habían entendido que, precisamente era Él, el Cordero para el sacrificio. La gente no estaba preparada”.

El Papa notó que sólo el Domingo de Ramos Cristo permite a la muchedumbre que diga “más o menos” su identidad, con ese “Bendito Aquel que viene en el nombre del Señor”. Y esto porque dijo, “si esta gente no grita, ¡gritarán las piedras!”. En cambio, recordó Francisco, sólo después de su muerte la identidad de Jesús aparece en plenitud y la “primera confesión” viene del centurión romano. Y concluyó destacando que “poco a poco”, Jesús nos “prepara para entenderlo bien”. Nos “prepara para que lo acompañemos con nuestras cruces en su camino hacia la redención”:

“Nos prepara a que seamos cireneos para ayudarlo a llevar la Cruz. Y nuestra vida cristiana sin esto no es cristiana. Es una vida espiritual, buena… ‘Jesús es el gran profeta, también nos ha salvado. Pero Él. Yo no…’. ¡No! ¡Tú con Él! Recorriendo el mismo camino. También nuestra identidad de cristianos debe ser custodiada y no crean que ser cristianos es un mérito, es un camino espiritual de perfección. No es un mérito, es pura gracia.”

(María Fernanda Bernasconi - RV).

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Homilía 25 de Septiembre de 2014

Cuidémonos de la vanidad que nos aleja de la verdad y nos hace parecer como una burbuja de jabón. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de la mañana de este jueves en la Casa Santa Marta. El Pontífice, basándose en el pasaje del libro de Eclesiastés en la primera lectura, señaló que, aun cuando lo hacen bien, los cristianos deben evitar la tentación de aparentar, de “hacerse ver”.

Si tú, “no tienes algo consistente, también tú pasarás como todas las cosas”. El Papa Francisco tomó el ejemplo del libro de Eclesiastés para detenerse sobre la vanidad. Una tentación, señaló, que existe no sólo para los paganos, sino también para los cristianos, para “la gente de fe.” Jesús, recordó el Papa, “regañó mucho” a los que se jactaban. Para los doctores de la ley, añadió, decía que no deben “pasearse por las plazas” con “ropa de lujo” como “príncipes”. Cuando tu rezas, ponía en guardia el Señor: “Por favor, no te hagas ver, no reces porque te vean”, “ora en secreto, entra en tu cuarto”. Lo mismo, dijo el Papa, se debe hacer cuando ayudas a los pobres: “No toques trompeta, hazlo a escondidas”. “El Padre lo ve, es suficiente”.

«Pero el vanidoso: ‘pero mira, yo doy este cheque para las obras de la Iglesia’ y hace ver el cheque; luego estafa por otra parte a la Iglesia. Es lo que hace el vanidoso: vive para aparentar. ‘Cuando ayunes – les dice el Señor a éstos – por favor no te hagas el melancólico, el triste, para que todos se den cuenta. Haz penitencia con alegría, para que nadie se dé cuenta. Y la vanidad es así: es para aparentar, vivir para hacerse ver.»

“Los cristianos que viven así para aparentar, por la vanidad, parecen pavos, se pavonean. Yo soy cristiano, yo soy familiar de aquel cura, de aquella monja, de ese obispo, mi familia es una familia cristiana. Se jactan. Pero ¿tu vida con el Señor? ¿Cómo rezas? Tu vida con las obras de misericordia, ¿cómo va? ¿Visitas a los enfermos? La verdad. Es por esto que Jesús añadió, nos dice que debemos construir nuestra casa, es decir, nuestra vida cristiana sobre la roca, en la verdad. En cambio, fue su advertencia, los vanidosos construyen la casa sobre la arena y la casa ​​cae, la vida cristiana se cae, resbala, porque no es capaz de resistir a las tentaciones: Cuántos cristianos viven para aparentar. Su vida parece como una burbuja de jabón. ¡Es hermosa la burbuja de jabón! ¡Con todos los colores que tiene! Pero dura un segundo y luego ¿qué? También cuando nos fijamos en algunos monumentos fúnebres, pensamos que es vanidad, porque la verdad es volver a la tierra desnuda, como decía el Siervo de Dios Pablo VI. Nos espera la tierra desnuda, ésta es nuestra verdad final. Mientras tanto ¿me enorgullezco o hago algo? ¿Hago el bien? ¿Busco a Dios? ¿Rezo? Las cosas que tienen consistencia. Y la vanidad es una mentirosa, es imaginativa, se engaña a sí misma, engaña a los vanidosos, porque primero finge que es algo, pero luego con el tiempo llega a creerse lo que en su opinión era. Se la cree, ¡pobrecito!

Es lo que le pasaba al tetrarca Herodes, que, como leemos en el Evangelio de hoy, se preguntaba con insistencia sobre la identidad de Jesús “La vanidad, -dijo el Papa – siembra un mal malestar, quita la paz. Es como aquellas personas que se maquillan mucho y luego temen que la lluvia les quite todo”. “No nos da paz la vanidad -señaló- sólo la verdad nos da la paz”. Por lo tanto, Francesco ha reiterado que la única roca sobre la que construimos nuestra vida es Jesús. “Y pensamos” – dijo – “en esta propuesta del diablo, del demonio, que también tentó a Jesús en el desierto, la vanidad”, y dijo: “Ven conmigo , subamos al templo, hagamos el espectáculo; te tiras abajo y todos creemos en ti “. El diablo había presentado a Jesús “la vanidad en una bandeja.” La vanidad, dijo el Papa, “es una enfermedad espiritual muy grave”:

“Los Padres egipcios del desierto decían que la vanidad es una tentación contra la que hay que luchar toda la vida, porque siempre vuelve a sacarnos la verdad. Y para entender esto decían es como la cebolla. La agarras y la empiezas a pelar. Y pelas la vanidad hoy, un poco de vanidad mañana y toda la vida pelando la vanidad para vencerla. Y al final eres feliz: me quité la vanidad, pelé la cebolla, pero el olor se queda en tu mano. Pidamos al Señor la gracia de no ser vanidosos, de ser verdaderos, con la verdad de la realidad y del Evangelio”.

Fuente: Vaticanes

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Homilía 23 de Septiembre de 2014

La vida cristiana es “simple”: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica, no limitándose a “leer” el Evangelio, sino preguntándose de qué modo sus palabras hablan a la propia vida. Lo reafirmó el Papa Francisco en la homilía de la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Las palabras que decía sonaban nuevas, como “nueva” aparecía la autoridad de quien las pronunciaba. Palabras que tocaban el corazón y en las cuales tantos percibían “la fuerza de la salvación” que anunciaban. Por esta razón, observó Francisco, las muchedumbres seguían a Jesús. Pero también estaban aquellos que lo seguían “por conveniencia”, sin demasiada pureza de corazón, tal vez sólo por las “ganas de ser más buenos”. En dos mil años, reconoció el Papa, no es que este escenario haya cambiado mucho. También hoy muchos escuchan a Jesús como aquellos nuevos leprosos del Evangelio que, “felices” con su nueva salud, “se olvidaron de Jesús” que se las había devuelto:

“Pero Jesús seguía hablando a la gente y amaba a la gente, amaba a la muchedumbre hasta tal punto que dice: ‘Estos que me siguen, esa muchedumbre inmensa, son mi madre y mis hermanos, son éstos’. Y explica: ‘Quienes escuchan la Palabra de Dios, la ponen en práctica’. Estas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más, ¡eh! Simple, simple. Tal vez nosotros la hayamos hecho un poco difícil, con tantas explicaciones que nadie entiende, pero la vida cristiana es así: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica”.

He aquí porqué – como lo describe el pasaje del Evangelio de Lucas – Jesús replica a quien le refería que sus parientes lo estaban buscando: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Y para escuchar la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús – dijo el Papa – basta abrir la Biblia, el Evangelio. Pero estas páginas – afirmó – no deben ser leídas, sino escuchadas. “Escuchar la Palabra de Dios – indicó Francisco – es leer eso y decir: ‘¿Pero qué me dice a mí esto, a mi corazón? ¿Qué me está diciendo Dios a mí, con esta palabra?”. Y nuestra vida cambia”:

“Cada vez que nosotros hacemos esto – abrimos el Evangelio, leemos un pasaje y nos preguntamos: ‘Con esto Dios me habla, ¿me dice algo a mí? Y si dice algo, ¿qué cosa me dice?’ – esto es escuchar la Palabra de Dios, escucharla con los oídos y escucharla con el corazón. Abrir el corazón a la Palabra de Dios. Los enemigos de Jesús escuchaban la Palabra de Jesús, pero estaban cerca de él para tratar de encontrar una equivocación, para hacerlo patinar, y para que perdiera autoridad. Pero jamás se preguntaban: “¿Qué cosa me dice Dios a mí en esta Palabra?”. Y Dios no habla sólo a todos; sí, habla a todos, pero habla a cada uno de nosotros. “El Evangelio ha sido escrito para cada uno de nosotros”.

Ciertamente, prosiguió diciendo el Santo Padre, poner después en práctica lo que se ha escuchado “no es fácil”, porque “es más fácil vivir tranquilamente sin preocuparse de las exigencias de la Palabra de Dios”. Pistas concretas para hacerlo – recordó – son los Mandamientos, las Bienaventuranzas. Contando siempre – añadió – con la ayuda de Jesús, incluso cuando nuestro corazón escucha y hace de cuenta que no comprende. Él – concluyó el Papa – “es misericordioso y perdona a todos”, “espera a todos, porque es paciente”:

“Jesús recibe a todos, también a aquellos que van a escuchar la Palabra de Dios y que después lo traicionan. Pensemos en Judas: ‘Amigo’, le dice, en aquel momento en que Judas lo traiciona. El Señor siempre siembra su Palabra, sólo pide un corazón abierto para escucharla y buena voluntad para ponerla en práctica. Por esto que la oración de hoy sea la del Salmo: ‘Guíame Señor por la senda de tus mandamientos’, es decir por la senda de tu Palabra, y para que yo aprenda con tu guía a ponerla en práctica”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Homilía 16 de Septiembre de 2014

Se pueden hacer bellas prédicas, pero si no se está cerca de las personas, si no se sufre con la gente y no se da esperanza, esas prédicas no sirven, son vanidad. Lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia recuerda a los Santos mártires Cornelio, Papa, y Cipriano, Obispo.

El Evangelio del día habla de Jesús que se acerca a un cortejo fúnebre: una viuda de Naím ha perdido a su único hijo. El Señor realiza el milagro de devolver la vida al joven – recordó el Papa – pero hace más: está cerca. “Dios – dice la gente – ha visitado a su pueblo”. Cuando Dios visita “hay algo más, hay algo nuevo”, “quiere decir que su presencia está especialmente allí”. Jesús está cerca:

“Estaba cerca de la gente. Dios cercano que logra comprender el corazón de la gente, el corazón de su pueblo. Después ve el cortejo, y el Señor se acerca. Dios visita a su pueblo, en medio de su pueblo, y acercándose. Cercanía. Es la modalidad de Dios. Y después hay una expresión que se repite en la Biblia, tantas veces: ‘El Señor tuvo gran compasión’. La misma compasión que tenía, dice el Evangelio, cuando vio a tanta gente como ovejas sin pastor. Cuando Dios visita a su pueblo, está cerca de él, se acerca a él y siente compasión: se conmueve”.

“El Señor – prosiguió diciendo Francisco – se siente profundamente conmovido, como lo estuvo ante la tumba de Lázaro”. Como se conmovió aquel Padre “cuando vio volver a casa a su hijo” pródigo:

“Cercanía y compasión: así el Señor visita a su pueblo. Y cuando nosotros queremos anunciar el Evangelio, llevar adelante la Palabra de Jesús, éste es el camino. El otro camino es el de los maestros, el de los predicadores de aquel tiempo: los doctores de la ley, los escribas, los fariseos… Alejados del pueblo, hablaban… bien: hablaban bien. Enseñaban la ley, bien. Pero alejados. Y ésta no era una visita del Señor: era otra cosa. El pueblo no sentía esto como una gracia, porque faltaba la cercanía, faltaba la compasión, es decir, padecer con el pueblo”.

“Y hay otra palabra – subrayó el Papa – que es propia de cuando el Señor visita a su pueblo: ‘El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él – Jesús – se lo dio a su madre’”:

“Cuando Dios visita a su pueblo, devuelve la esperanza al pueblo. Siempre. Se puede predicar la Palabra de Dios brillantemente: en la historia hubo tantos buenos predicadores. Pero si estos predicadores no fueron capaces de sembrar esperanza, esa prédica no sirve. Es vanidad”.

Viendo a Jesús que devolvió el hijo vivo a su mamá – concluyó el Papa su homilía – “podemos entender lo que significa una visita de Dios a su pueblo. Y pedir como gracia que nuestro testimonio de cristianos sea portador de la visita de Dios a su pueblo, es decir, de la cercanía que siembra la esperanza”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Homilía 15 de Septiembre de 2014

Así como sin María no habría existido Jesús, del mismo modo “sin la Iglesia no podemos ir adelante”. Lo dijo el Papa al presidir la Misa matutina en la Capilla de la Casa de Santa Marta en la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen Dolorosa:

La Liturgia – afirmó Francisco – después de habernos mostrado la Cruz gloriosa, nos hace ver a la Madre humilde y mansa. En la Carta a los hebreos “Pablo subraya tres palabras fuertes”, cuando dice que Jesús “aprendió, obedeció y padeció”. “Es lo contrario de lo que había sucedido a nuestro padre Adán, que no quiso aprender lo que el Señor mandaba, que no quiso padecer ni obedecer”. Jesús, en cambio, aun siendo Dios, “se despojó, se humilló a sí mismo haciéndose siervo. Ésta es la gloria de la Cruz de Jesús”:

Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos. Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre”.

El Evangelio nos muestra a María a los pies de la Cruz. Jesús dice a Juan: “He aquí tu madre”. María – afirmó el Papa – “es ungida Madre”:

“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.

“Dos mujeres y dos Madres” – prosiguió explicando el Papa Francisco – y junto a ellas nuestra alma, que como decía el monje Isaac, abad de Stella, “es femenina” y se asemeja “a María y a la Iglesia”:

“Hoy, viendo a esta mujer ante la Cruz, firme en seguir a su Hijo en el sufrimiento para aprender la obediencia, al verla vemos a la Iglesia y vemos a nuestra Madre. Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia. Y así como nuestros Padres del Paraíso salieron con una promesa, hoy nosotros podemos ir adelante con una esperanza: la esperanza que nos da nuestra Madre María, firme ante la Cruz, y nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Homilía 09 de Junio de 2014

Un cristiano de verdad vive la religión de manera práctica, porque así es el cristianismo, para practicarlo y no para pensarlo, aseguró el Papa Francisco en su homilía de la mañana en la Capilla de la Casa de Santa Marta. Jesús nos indica a través de las Bienaventuranzas un camino nítido e inconfundible: dar de comer a los que tienen hambre, de beber a los que tienen sed… Es un programa de vida que contradice la corriente mundana, y nos lo enseña Jesús, el mismo Dios, como camino de santidad para gozar junto a Él de la eternidad. Las bienaventuranzas deben ser el carné de identidad de todo cristiano,

“Pero el mundo nos dice: la alegría, la felicidad, la diversión, eso es lo lindo de la vida. E ignora, mira hacia otro lado cuando hay problemas de enfermedad, problemas de dolor en la familia. El mundo no quiere llorar, prefiere ignorar las situaciones dolorosas, taparlas. Sólo la persona que ve las cosas como son y llora en su corazón es feliz y será consolada. El consuelo de Jesús, no el del mundo. Bienaventurados los mansos en este mundo que desde el comienzo es un mundo de guerras, un mundo donde se pelea por todas partes, donde en todo lugar hay odio. Y Jesús dice: nada de guerras, nada de odio, paz, mansedumbre.

Si soy manso en la vida, pensarán que soy un necio, que piensen lo que quieran: los mansos heredarán la Tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Tantas injusticias, que son producto de la corrupción, de los compinches de la corrupción, de la política del negocio por encima de todo. Y Jesús nos recuerda que son Bienaventurados los que luchan contra estas injusticias. Bienaventurados los misericordiosos, los que comprenden los errores de los demás, Jesús no nos dice Bienaventurados los que se vengan.

Bienaventurados los que perdonan, misericordiosos. ¡Porque todos somos un ejército de perdonados! Y por ello es Bienaventurado el que va por ese camino del perdón. Bienaventurados los que tienen el corazón puro, sencillo, puro sin malezas, un corazón que sabe amar con esa pureza tan linda. Bienaventurados los que trabajan por la paz. ¡Pero es tan común entre nosotros ser trabajadores por guerras o al menos trabajadores de malentendidos! Cuando oigo algo de éste y voy y se lo digo, con una versión ampliada … El mundo de los chismes. Esta gente que chismea no trabaja por la paz, es enemiga de la paz. No son bienaventurados.

esús nos presenta las Bienaventuranzas y nos da también otras indicaciones, que encontramos en el capítulo 25 del Evangelio «tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver».

Pocas palabras, palabras sencillas pero prácticas para todos, porque el cristianismo es una religión práctica: no para pensarla sino para practicarla. Hoy, si tienen un poco de tiempo en casa, tomen el Evangelio, el Evangelio de Mateo, capítulo quinto, al comienzo están estas Bienaventuranzas; en el capítulo 25 las otras. Les hará bien leerlo, una, dos, tres veces. Pero leer esto, que es el programa de santidad. ¡Que el Señor nos de la gracia de comprender este mensaje suyo!”


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Homilía 06 de Junio de 2014

El Papa Francisco describió esta mañana en Santa Marta cómo deben ser los sacerdotes: pastores, antes que estudiosos, que no olvidan jamás a Cristo, su “primer amor”, y que lo siguen permanentemente. E invitó durante la homilía a que todos los sacerdotes se pregunten cómo va su amor a Jesús y si son verdaderos pastores o se comportan más bien como empleados de una ONG llamada Iglesia.

“¿Cómo va el primer amor? ¿Estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerlas con frecuencia. Y no sólo los cónyuges en la pareja, sino también los sacerdotes y los obispos ante Jesús. Porque es Él quien nos lo pregunta como un día hizo con Pedro: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas?’.

Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Como va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe.

Jamás olvidar el primer amor. Jamás […] Apacienta. Con la teología, con la filosofía, con la petrología, con lo que estudias, pero apacienta. Se pastor. Porque el señor nos ha llamado para esto. Y las manos del obispo sobre nuestra cabeza son para ser pastores. Es una segunda pregunta, ¿no? La primera es: ‘¿Cómo va el primer amor?’. La segunda es ésta: ‘¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?’. Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante.

No hay gloria ni majestad para el pastor consagrado a Jesús. No, hermano. Terminará del modo más común, incluso más humillante, tantas veces: en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir… Pero inútil, allí, enfermo…. El destino es terminar como terminó Él: amor que muere como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré.

En fin, el cuarto aspecto, la palabra más fuerte con la cual Jesús concluye su diálogo con Pedro: ‘sígueme’.  Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos peores de la vida, en la enfermedad, Él dice: ‘Sígueme. Es ésta nuestra certidumbre. Sobre las huellas de Jesús. En ese camino. ‘Sígueme’.

A todos nosotros, sacerdotes y obispos que el Señor de la gracia de encontrar siempre o de recordar el primer amor, de ser pastores, de no tener vergüenza de terminar humillados en un lecho o incluso con la cabeza perdida. Y que siempre nos de la gracia de ir tras Jesús, sobre las huellas de Jesús: la gracia de seguirlo.”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 05 de Junio de 2014

La Iglesia no es rígida, la Iglesia es libre, sostuvo esta mañana el Papa Francisco en su homilía en Santa Marta. Y llamó la atención a quienes pretenden llamarse cristianos pero reducen la Iglesia a la uniformidad, a la alternativa o a la ventaja. Son tres tipos de personas distintas para quienes la Iglesia no es realmente su casa sino que la toman en alquiler. El Santo Padre recordó que Jesús quiere que no haya divisiones ni peleas sino unidad.

“La uniformidad. La rigidez. ¡Son rígidos! No tienen esa libertad que da el Espíritu Santo. Y crean confusión entre lo que Jesús predicó en el Evangelio con su doctrina, con su doctrina de igualdad. Y Jesús jamás quiso que su Iglesia fuera tan rígida. Jamás. Y éstos, por tal actitud, no entran en la Iglesia. Se dicen cristianos, se dicen católicos, pero su actitud rígida los aleja de la Iglesia.

El otro grupo está hecho de aquellos que siempre tienen una idea propia, que no quieren que sea como la de la Iglesia, tienen una alternativa. Son los ‘alternativos’: Yo entro en la Iglesia, pero con esta idea, con esta ideología. Y así su pertenencia a la Iglesia es parcial. También éstos tienen un pie fuera de la Iglesia. También para éstos la Iglesia no es su casa, no es propia. En un determinado momento alquilan la Iglesia. ¡Al principio de la predicación evangélica había de éstos! Pensemos en los agnósticos, a los que el Apóstol Juan bastonea tan fuerte, ¿no? ‘Somos… sí, sí… somos católicos, pero con estas ideas’. Una alternativa. No comparten ese sentir propio de la Iglesia.

Y el tercer grupo es el de aquellos que se dicen cristianos, pero que no entran con el corazón en la Iglesia: son los ‘ventajistas’, aquellos que buscan las ventajas, y van a la Iglesia, pero por ventaja personal, y terminan haciendo negocios en la Iglesia: Los especuladores. ¡Los conocemos bien! Pero desde el principio estaban. Pensemos en Simón el Mago, pensemos en Ananías y en Safira. Estos se aprovechaban de la iglesia para su propia ventaja. Y los hemos visto en las comunidades parroquiales o diocesanas, en las congregaciones religiosas, en algunos benefactores de la Iglesia, ¡tantos, eh! Se pavonean de ser precisamente benefactores y al final, detrás de la mesa, hacían sus negocios. Y éstos tampoco sienten a la Iglesia como madre, como propia. Y Jesús dice: ‘¡No! ¡La Iglesia no es rígida, una, sola: la Iglesia es libre!

En la Iglesia hay tantos carismas, hay una gran diversidad de personas y de dones del Espíritu. El Señor nos dice: ‘Si tu quieres entrar en la Iglesia, que sea por amor’, para dar todo tu corazón y no para hacer negocios en tu beneficio. La Iglesia no es una casa de alquiler, es una casa para vivir, como madre propia. […]

No es fácil ¡Las tentaciones son tantas![…] la unidad en la diversidad, en la libertad, en la generosidad es sólo el Espíritu Santo, ésta es su tarea. El Espíritu Santo hace la armonía en la Iglesia. La unidad en la Iglesia es armonía. Todos somos diversos, no somos iguales, gracias a Dios, lo contrario ¡sería un infierno! […]  Y todos estamos llamados a la docilidad al Espíritu Santo. Esta docilidad es la virtud que nos salvará de ser rígidos, de ser ‘alternativos’ y de ser ‘especuladores’ en la Iglesia: la docilidad al Espíritu Santo. Y es esta docilidad la que transforma a la Iglesia de una casa en alquiler en una casa propia.

Que el Señor nos envíe al Espíritu Santo y que cree esta armonía en nuestras comunidades, comunidades parroquiales, diocesanas, comunidades de los movimientos. Que sea el Espíritu el que haga esta armonía, porque como decía un Padre de la Iglesia: El Espíritu, Él mismo, es la armonía”.

Fuente: Vaticanes

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Homilía 03 de Junio de 2014

Jesús es nuestro abogado. Nos defiende ante Dios Padre incluso si somos culpables y hemos pecado, explicó el Papa Francisco en su homilía de esta mañana en Santa Marta. Jesús reza por cada uno de nosotros, mostrando al Padre sus llagas. En las lecturas de hoy se narra la despedida de Jesús y la despedida de San Pablo, y el Papa Francisco ha aprovechado para  reflexionar acerca de la oración de intercesión.

“Cuando Pablo se va de Mileto todos estaban tristes y así había sucedido a los discípulos cuando Jesús había pronunciado su alocución de despedida antes de ir al Getsemaní y dar comienzo a la Pasión. El Señor los consuela y hay una pequeña frase de despedida de Jesús que nos hace pensar. Jesús habla con el Padre y le dice: ‘Yo rezo por ellos’. Jesús reza por nosotros. Tal como había rezado por Pedro y por Lázaro ante su tumba. Jesús nos dice: ‘Todos ustedes son del Padre. Y yo rezo por ustedes ante el Padre’. Jesús no reza por el mundo, reza por nosotros, reza por su Iglesia:

El apóstol Juan, pensando en estas cosas y hablando de nosotros que somos tan pecadores, dice: ‘No pequen, pero si alguno de ustedes peca, sepan que tenemos un abogado ante el Padre, uno que reza por nosotros, nos defiende ante el Padre, nos justifica’. Creo que debemos pensar mucho en esta verdad, en esta realidad: en este momento, Jesús está orando por mí. Yo puedo ir adelante en la vida porque tengo un abogado que me defiende y si yo soy culpable y tengo tantos pecados ¡eh!, hay un buen abogado defensor, éste, y hablará al Padre de mí.

Y cuando nosotros tenemos alguna necesidad, algún problema debemos pedir a Jesús que rece por nosotros. Y hoy ¿cómo reza Jesús? Yo creo que no habla demasiado con el Padre: No habla: ama. Pero hay una cosa que Jesús hace hoy: estoy seguro que lo hace. Él le hace ver al Padre sus llagas y Jesús, con sus llagas, reza por nosotros, como si dijera al Padre: ‘Pero, Padre, éste es el precio de éstos, ¿eh? Ayúdalos, protégelos. Son tus hijos que yo he salvado, con esto’. Al contrario no se comprende porqué Jesús, después de la resurrección, ha querido este cuerpo glorioso, bellísimo: no estaban los moretones, no estaban las heridas de la flagelación, todo bello… pero: estaban las llagas. Las cinco llagas. ¿Por qué Jesús ha querido llevarlas al cielo? ¿Por qué? Para rezar por nosotros. Para hacer ver al Padre el precio: “Éste es el precio, ahora no los dejes solos. Ayúdalos”.

Nosotros debemos tener esta fe. Creer que Jesús, en este momento, intercede ante el Padre por nosotros, por cada uno de nosotros”. Y cuando nosotros rezamos, fue su exhortación, no debemos olvidarnos de pedir a Jesús que rece por nosotros: ‘Jesús, reza por mí. Le hace ver al Padre tus llagas que son también las mías, son las llagas de mi pecado. Son las llagas de mi problema en este momento’. Jesús intercesor, sólo hace ver al Padre sus llagas. Y esto sucede hoy, en este momento. Tomemos la palabra que Jesús dijo a Pedro: ‘Pedro, yo rezaré por ti para que tu fe no decaiga’.

Estemos seguros  que Él está haciendo esto por cada uno de nosotros. Debemos tener confianza en esta oración de Jesús con sus llagas ante el Padre.”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 02 de Junio de 2014

El Papa Francisco explicó en su homilía que en el amor hay que apostar por la fidelidad, la perseverancia y la fecundidad. Es así como Jesús ama a su Iglesia, su esposa. Y éstas deben ser también las características de un auténtico matrimonio cristiano.

Hoy se reunieron con el Papa en la eucaristía unas quince parejas, con sus propias historias matrimoniales y de familia, iniciadas hace 25, 50 y hasta 60 años atrás. Una escena insólita en la capilla de Santa Marta que invitó al Pontífice a reflexionar sobre los tres pilares que, desde el punto de vista de la fe, deben sostener el amor de los esposos: fidelidad, perseverancia y fecundidad.

El modelo de referencia en el amor, explicó el Papa Francisco, son los “tres amores de Jesús”: por el Padre, por su Madre y por la Iglesia. “Grande” es el amor de Jesús por esta última, afirmó el Papa: “Jesús desposó a la Iglesia por amor”. Es “su esposa: bella, santa, pecadora, pero la ama igualmente”. Y dijo que con su modo de amarla pone de manifiesto las tres características de este amor.

“Es un amor fiel; es un amor perseverante, jamás se cansa de amar a su Iglesia; es un amor fecundo. ¡Es un amor fiel! ¡Jesús es el fiel! San Pablo, en una de sus Cartas dice: ‘Si confiesas a Cristo, Él te confesará a ti, ante el Padre; si reniegas a Cristo, Él te renegará a ti; si tú no eres fiel a Cristo, Él permanece fiel, ¡porque no puede renegarse a sí mismo!’. La fidelidad es precisamente el ser del amor de Jesús. Y el amor de Jesús en su Iglesia es fiel. Esta fidelidad es como una luz sobre el matrimonio. La fidelidad del amor. Siempre […]

La vida matrimonial debe ser perseverante, debe ser perseverante. Porque de lo contrario el amor no pude ir adelante. La perseverancia en el amor, en los momentos bellos y en los momentos difíciles, cuando hay problemas: problemas con los hijos, problemas económicos, problemas aquí, problemas allá. Pero el amor persevera, va adelante, tratando siempre de resolver las cosas, para salvar a la familia. Perseverantes: el hombre y la mujer se levantan cada mañana, y llevan adelante la familia […]

Estos matrimonios que no quieren hijos, que quieren permanecer sin fecundidad. Esta cultura del bienestar de hace diez años nos ha convencido: ‘¡Es mejor no tener hijos! ¡Es mejor! Así tú puedes ir de vacaciones a conocer el mundo, puedes tener una casa en el campo, tú estás tranquilo’… Pero quizá sea mejor, más cómodo, tener un perrito, dos gatos, y el amor va a los dos gatos y al perrito. ¿Es verdad o no esto? ¿Lo vieron ustedes? Y al final este matrimonio llega a la vejez en la soledad, con la amargura de la mala soledad. No es fecundo, no hace lo que Jesús hace con su Iglesia, que la hace fecunda”.

Fuente: Vaticanes

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Homilía 09 de Mayo de 2014

Los santos no son héroes, sino humildes pecadores que se dejan santificar por Dios. Para ser santo no hay que hacer el fakir, ni un curso especial, hay que dar testimonio, hay que imitar a Cristo. Lo explicó el Papa Francisco en su homilía de hoy, y tomó como ejemplo de santidad a San Juan Pablo II : el ‘gran atleta de Dios’ que murió doblegado por la enfermedad, humillado como Jesús. A pesar de que la Iglesia está llena de pecadores es santa porque Jesús la santifica cada día con su sacrificio eucarístico y todos estamos llamados a santificarnos en la vida cotidiana como hijos de nuestra Madre la Iglesia.

“La Iglesia es santa: pero ¿cómo puede ser santa si todos estamos dentro de ella? Todos somos pecadores aquí. ¡Es la Iglesia la que es santa! Nosotros somos pecadores, pero ella es santa. Es la esposa de Jesucristo y Él la ama, Él la santifica, la santifica cada día con su sacrificio Eucarístico, porque la ama tanto. Y nosotros somos pecadores, pero en una Iglesia santa. Y también nosotros nos santificamos con esta pertenencia a la Iglesia: somos hijos de la Iglesia y la Iglesia Madre nos santifica, con su amor, con los Sacramentos de su Esposo […]

En esta Iglesia santa el Señor elige a algunas personas para hacer ver mejor la santidad, para mostrar que es Él el que santifica, que nadie se santifica a sí mismo, que no hay un curso para llegar a ser santo, que ser santo no es hacer el fakir o algo por el estilo … ¡No! ¡No es así! La santidad es un don de Jesús a su Iglesia y, para mostrar esto, Él elige a personas en las que se puede ver claramente su trabajo para santificar […]

La diferencia entre los héroes y los santos es el testimonio, la imitación de Jesucristo. Seguir el camino de Jesucristo”, el de la cruz. Y muchos santos acaban humildemente así. ¡Los grandes santos!…

Los últimos días de San Juan Pablo II … lo vimos todos: ya no podía hablar, el gran atleta de Dios, el gran guerrero de Dios termina así: doblegado por la enfermedad, humillado como Jesús. Éste es el camino de la santidad de los grandes. Y es también el camino de nuestra santidad. Si no nos dejamos convertir el corazón por este camino de Jesús, llevando la cruz cada día, la cruz ordinaria, la cruz sencilla, dejando que Jesús crezca; si no vamos por este camino, no seremos santos. Sin embargo, si seguimos por este camino, todos daremos testimonio de Jesucristo, que nos ama tanto. Y daremos testimonio de que, a pesar de que somos pecadores, la Iglesia es santa. Es la esposa de Jesús”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 08 de Mayo de 2014

El Papa Francisco ha defendido hoy en su homilía matutina que en la evangelización hay que dejar espacio a la gracia de Dios, porque es Él quien realmente toca los corazones de los hombres y los convierte. La Iglesia debe administrar los sacramentos pero no poner obstáculos al acercamiento de las personas a Dios. Y tomo como ejemplo de buena evangelización el modelo del Apóstol Felipe que destaca en el libro de los Hechos de los Apóstoles tres cualidades de un cristiano, a saber: docilidad al Espíritu, diálogo y confianza en la gracia.

“No se puede evangelizar sin el diálogo. No se puede. Porque tú debes partir precisamente de donde está la persona que debe ser evangelizada. ¡Y cuán importante es esto! ‘Pero, padre, se pierde tanto tiempo, porque cada uno tiene su propia historia, viene con esto, con sus ideas…’. Y pierde tiempo… Más tiempo perdió Dios en la creación del mundo ¡y la hizo bien! El diálogo. Perder el tiempo con la otra persona, porque esa persona es la que Dios quiere que tú evangelices, a la que tú le des la noticia de Jesús, es más importante. Pero como es, no como debe ser: como es ahora

Pensemos en estos tres momentos de la evangelización: la docilidad para evangelizar; hacer lo que Dios manda, según el diálogo con las personas, pero en el diálogo, se parte desde donde ellas están, y tercero, encomendarse a la gracia: es más importante la gracia que toda la burocracia. ‘¿Qué lo impide?’. Recordemos esto. Y tantas veces nosotros en la Iglesia somos una empresa para fabricar impedimentos, para que la gente no pueda llegar a la gracia. Que el Señor nos haga comprender esto”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 06 de Mayo de 2014

La Iglesia no es una universidad de religión en la que se aprende una filosofía, una ideología, y en la que sus miembros son numerarios de una secta. La Iglesia es el pueblo que sigue a Jesús y da testimonio. Si la Iglesia se cierra en sí misma se vuelve estéril y no cumple con su misión, que es ser madre y fecunda. Pero el demonio no puede permanecer quieto ante la santidad y enfurece los corazones de los hombres mundanos cuando un cristiano da testimonio, por eso mataron a San Esteban cuyo martirio fue una copla del martirio de Jesús, aseveró el Papa Francisco en su homilía de esta mañana en Santa MartaSer perseguido, ser mártir, dar la vida por Jesús es una de las Bienaventuranzas, afirmó el Papa. Y no se puede entender un cristiano que no da testimonio.

“Martirio es la traducción de la parola griega que también significa testimonio. Y así podemos decir que para un cristiano el camino va por las huellas de este testimonio, por las huellas de Jesús para dar testimonio de Él y, tantas veces, este testimonio termina dando la vida. No se puede entender a un cristiano sin que sea testigo, sin que de testimonio. Nosotros no somos una ‘religión’ de ideas, de pura teología, de cosas bellas, de mandamientos. No, nosotros somos un pueblo que sigue a Jesucristo y da testimonio – pero quiere dar testimonio de Jesucristo – y este testimonio algunas veces llega a dar la vida […]

El testimonio, en la vida cotidiana, con algunas dificultades, y también en la persecución, con la muerte, siempre es fecundo. La Iglesia es fecunda y madre cuando da testimonio de Jesucristo. En cambio, cuando la Iglesia se encierra en sí misma, se cree – digamos así – una ‘Universidad de la religión’, con tantas bellas ideas, con tantos bellos templos, con tantos bellos museos, con tantas bellas cosas, pero no da testimonio, se vuelve estéril. Y el cristiano lo mismo. El cristiano que no da testimonio, permanece estéril, sin dar la vida que ha recibido de Jesucristo […]

Y no se puede dar testimonio sin la presencia del Espíritu Santo en nosotros. En los momentos difíciles, en que debemos elegir el camino justo, en que debemos decir ‘no’ a tantas cosas que quizá tratan de seducirnos hay una oración al Espíritu Santo, y es Él quien nos hace fuertes para ir por este camino, el del testimonio:

Preguntémonos: ¿Cómo es mi testimonio? ¿Soy un cristiano testigo de Jesús o soy un simple numerario de esta secta? ¿Soy fecundo porque doy testimonio, o permanezco estéril porque no soy capaz de dejar que el Espíritu Santo me lleve adelante en mi vocación cristiana?”

El Papa Francisco ha defendido hoy en su homilía matutina que en la evangelización hay que dejar espacio a la gracia de Dios, porque es Él quien realmente toca los corazones de los hombres y los convierte. La Iglesia debe administrar los sacramentos pero no poner obstáculos al acercamiento de las personas a Dios. Y tomo como ejemplo de buena evangelización el modelo del Apóstol Felipe que destaca en el libro de los Hechos de los Apóstoles tres cualidades de un cristiano, a saber: docilidad al Espíritu, diálogo y confianza en la gracia.

“No se puede evangelizar sin el diálogo. No se puede. Porque tú debes partir precisamente de donde está la persona que debe ser evangelizada. ¡Y cuán importante es esto! ‘Pero, padre, se pierde tanto tiempo, porque cada uno tiene su propia historia, viene con esto, con sus ideas…’. Y pierde tiempo… Más tiempo perdió Dios en la creación del mundo ¡y la hizo bien! El diálogo. Perder el tiempo con la otra persona, porque esa persona es la que Dios quiere que tú evangelices, a la que tú le des la noticia de Jesús, es más importante. Pero como es, no como debe ser: como es ahora

Pensemos en estos tres momentos de la evangelización: la docilidad para evangelizar; hacer lo que Dios manda, según el diálogo con las personas, pero en el diálogo, se parte desde donde ellas están, y tercero, encomendarse a la gracia: es más importante la gracia que toda la burocracia. ‘¿Qué lo impide?’. Recordemos esto. Y tantas veces nosotros en la Iglesia somos una empresa para fabricar impedimentos, para que la gente no pueda llegar a la gracia. Que el Señor nos haga comprender esto”

Próximamente estará aquí disponible el vídeo resumen de la homilía del Papa Francisco
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Homilía 05 de Mayo de 2014

El Papa Francisco advirtió que en la Iglesia hay trepadores y explicó en su homilía de hoy que seguir a Jesús requiere verdadera rectitud de intención. Hay que seguirlo por amor, y sin embargo hay personas en la Iglesia que se mueven por la vanidad, el poder y el dinero: utilizan a la Iglesia en vez de servirla. Y a estos les pidió Bergoglio que se dediquen mejor al alpinismo.

“Jesús alude a tres actitudes que no son buenas para seguirlo a Él o para buscar a Dios. La primera es la vanidad […] Estos dirigentes querían hacerse ver, a ellos les gustaba, les gustaba pavonearse ¡y se comportaban como verdaderos pavos! Eran así. Y Jesús dice: ‘No, no: esto no va. No va. La vanidad no hace bien’. Y algunas veces, nosotros hacemos cosas tratando de hacernos ver un poco, buscando la vanidad. La vanidad es peligrosa, porque nos hace caer inmediatamente en el orgullo, la soberbia, y después todo termina ahí. Y me pregunto: Yo, ¿cómo sigo a Jesús? ¿Las cosas buenas que yo hago, las hago a escondidas, o me gusta hacerme ver? […]

La otra cosa que Jesús reprocha a aquellos que lo siguen es el poder: Algunos siguen a Jesús, pero un poco, no del todo conscientemente, un poco inconscientemente. Porque buscan el poder, ¿no? El caso más claro es Juan y Santiago, los hijos de Zebedeo, que pedían a Jesús la gracia de ser primer ministro y viceprimer ministro, cuando viniera el Reino. ¡Y en la Iglesia hay trepadores! Hay tantos que usan a la Iglesia para… ¡Pero si te gusta, vas al Norte y haces alpinismo: es más sano! ¡Pero no vengas a la Iglesia a trepar! Y Jesús reprocha a estos trepadores que buscan el poder […]

Sólo cuando viene el Espíritu Santo los discípulos cambiaron. Pero el pecado en nuestra vida cristiana permanece y nos hará bien hacernos la pregunta: ¿Cómo sigo yo a Jesús? ¿Sólo por Él, incluso hasta la Cruz, o busco el poder y uso a la Iglesia un poco, a la comunidad cristiana, a la parroquia, a la diócesis para tener un poco de poder? […]

La tercera cosa que nos aleja de la rectitud de las intenciones es el dinero: Los que siguen a Jesús por dinero, con el dinero tratan de aprovecharse económicamente de la parroquia, de la diócesis, de la comunidad cristiana, del hospital, del colegio… Pensemos en la primera comunidad cristiana, que tuvo esta tentación: Simón, Ananías y Safira… Esta tentación estuvo desde el inicio, y hemos conocido a tantos buenos católicos, buenos cristianos, amigos, benefactores de la Iglesia, incluso con condecoraciones varias… ¡tantos! De quienes después se descubrió que hicieron negocios un poco oscuros: eran verdaderos especuladores, ¡y ganaron tanto dinero! Se presentaban como benefactores de la Iglesia pero recibían tanto dinero y no siempre era dinero limpio […]

Pidamos al Señor la gracia que nos de al Espíritu Santo para ir detrás de Él con rectitud de intención: sólo por Él. Sin vanidad, sin deseos de poder y sin deseos de dinero”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 02 de Mayo de 2014

Jesús hablaba con la fuerza del amor y las autoridades religiosas de su tiempo no toleraban que la gente lo siguiera. Tenían celos, envidia. Así lo contó el Papa Francisco en su homilía de Santa Marta. Y denunció a quienes utilizan la religión para sus maniobras políticas como lo hizo en su momento el Sanedrín. Aún hoy hay quien persigue y mata en nombre de Dios. El Santo Padre declaró haber llorado al ver en los medios la noticia de cristianos crucificados en Síria.

¡No toleraban que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos. Y dijo que ésta es una actitud fea. Y de los celos a la envidia. Sabemos que el padre de la envidia es el demonio. Y por la envidia entró el mal en el mundo. Esta gente sabía bien quién era Jesús: ¡lo sabía! ¡Esta gente era la misma que había pagado a la guardia para decir que los apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús!:


Habían pagado para silenciar la verdad. Pero, la gente es mala, ¡verdaderamente! Porque cuando se paga para esconder la verdad, somos muy malos. Y por esto la gente sabía quiénes eran éstos. No los seguían, los toleraban porque tenían autoridad: la autoridad del culto, la autoridad de la disciplina eclesiástica de aquel tiempo, la autoridad sobre el pueblo… y la gente seguía. Jesús dice de ellos que ataban pesos oprimentes sobre los fieles y los cargaban sobre las espaldas de la gente. Esta gente no tolera la mansedumbre de Jesús, no tolera la mansedumbre del Evangelio, no tolera el amor. Y paga por envidia, por odio […]

Éstos, con sus maniobras políticas, con sus maniobras eclesiásticas para seguir dominando al pueblo… Y así, hacen venir a los apóstoles, después de que habló este hombre sabio, llamaron a los apóstoles y los hicieron flagelar y les ordenaron que no hablaran en nombre de Jesús. Por tanto, los pusieron en libertad. ‘Pero, algo debemos hacer: ¡les daremos un buen bastonazo y después a su casa!’. Injusto, pero lo hicieron. Ellos eran los dueños de las conciencias, y sentían que tenían el poder de hacerlo. Dueños de las conciencias… También hoy, en el mundo, hay tantos […]

Yo lloré cuando vi en los medios la noticia de cristianos crucificados en cierto país no cristiano. También hoy hay gente así, que en nombre de Dios, mata, persigue. Y también hoy vemos a tantos que, como los apóstoles, se sienten dichosos por haber sido juzgados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús. Éste es el tercer icono de hoy. La alegría del testimonio:

Primer icono: Jesús con la gente, el amor, el camino que Él nos ha enseñado, por el que debemos ir. Segundo icono: la hipocresía de estos dirigentes religiosos del pueblo, que habían encarcelado al pueblo con estos mandamientos, con esta legalidad fría, dura, y que también han pagado para esconder la verdad. Tercer icono: la alegría de los mártires cristianos, la alegría de tantos hermanos y hermanas nuestros que en la historia han sentido esta alegría, esta felicidad por haber sido juzgados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús. ¡Y hoy hay tantos! Piensen que en algunos países, sólo por llevar el Evangelio, vas a la cárcel. Tú no puedes llevar una cruz: te harán pagar la multa. Pero el corazón se siente feliz. Los tres iconos: mirémoslos, hoy. Es parte de nuestra historia de la salvación.”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 29 de Abril de 2014

El Papa Francisco ha señalado, en su homilía de hoy en Santa Marta, que las luchas de poder y la falta de espíritu de pobreza son síntomas de que no se está en el camino de Jesucristo. Ha recordado que los primeros cristianos también tenían problemas pero vivían en paz porque el amor lo cubría todo. Y nos ha invitado a confrontar nuestras comunidades actuales con estas primeras comunidades de cristianos concretando que la armonía, el testimonio, la pobreza y atender a los pobres deben caracterizarnos.

“Tenía un solo corazón y una sola alma. La paz. Una comunidad en paz. Esto significa que en aquella comunidad no había lugar para los chismes, para las envidias, para las calumnias, para las difamaciones. Paz. El perdón: ‘El amor lo cubría todo’. Para calificar a una comunidad cristiana sobre esto, debemos preguntarnos cómo es la actitud de los cristianos. ¿Son mansos, humildes? En esa comunidad ¿hay peleas entre ellos por el poder? ¿Peleas de envidia? ¿Hay chismes? No están por el camino de Jesucristo. Esta característica es muy importante, muy importante, porque el demonio trata de dividirnos siempre. Es el padre de la división […]

¿Es una comunidad que da testimonio de la resurrección de Jesucristo? Esta parroquia, esta comunidad, esta diócesis ¿cree verdaderamente que Jesucristo ha resucitado? O dice: ‘Sí, ha resucitado, pero de esta parte’, porque lo cree aquí solamente, con el corazón lejos de esta fuerza. Dar testimonio de que Jesús está vivo, está entre nosotros. Y así se puede verificar cómo va una comunidad.

Primero: ¿Cómo es tu actitud o la actitud de esta comunidad con los pobres? Y segundo: Esta comunidad ¿es pobre? ¿Pobre de corazón, pobre de espíritu? ¿O pone su confianza en las riquezas? ¿En el poder? Armonía, testimonio, pobreza y atender a los pobres. Y esto es lo que Jesús explicaba a Nicodemo: este nacer desde lo Alto. Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu. Esta es obra del opera del Espíritu. A la Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace la unidad. El Espíritu te impulsa hacia el testimonio. El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú te ocupes de los pobres”.

Fuente: Vaticanes

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Homilía 24 de Abril de 2014

Comenzada la semana de Pascua retomamos las homilías matutinas del Papa Francisco en Santa Marta. Desde el domingo, Francisco continúa repitiendo cada vez que tiene ocasión que ésta es la semana de la alegría porque celebramos la resurrección de Cristo y es nuestro verdadero signo de esperanza como cristianos. Nos pide que elijamos la alegría frente a la tristeza y la esperanza frente al desánimo para no convertirnos en lo que él entiende que son cristianos de funeral que prefieren la oscuridad como los murciélagos.

“Esta es una enfermedad de los cristianos. Tenemos miedo de la alegría. Es mejor pensar: ‘Sí, sí, Dios existe, pero está allá; Jesús ha resucitado, está allá’. Un poco de distancia. Tenemos miedo de la cercanía de Jesús, porque esto nos da alegría. Y así se explica la existencia de tantos cristianos de funeral, ¿no? Que su vida parece un funeral continuo. Prefieren la tristeza y no la alegría. Se mueven mejor, no en la luz de la alegría, sino en las sombras, como esos animales que sólo logran salir de noche, pero no a la luz del día, porque no ven nada. Como los murciélagos. Y con un poco de sentido del humor podemos decir que hay cristianos murciélagos que prefieren las sombras a la luz de la presencia del Señor […]

Jesús, con su Resurrección nos da la alegría: la alegría de ser cristianos; la alegría de seguirlo de cerca; la alegría de ir por el camino de las Bienaventuranzas, la alegría de estar con Él […]

Y nosotros, tantas veces, o estamos trastornados, cuando nos llega esta alegría, o llenos de miedo, o creemos que vemos un fantasma o pensamos que Jesús es un modo de actuar: ‘Pero nosotros somos cristianos y debemos hacer así. ¿Pero dónde está Jesús? ‘No, Jesús está en el Cielo’. ¿Tú hablas con Jesús? ¿Tú dices a Jesús: ‘Yo creo que Tú vives, que Tú has resucitado, que Tú estás cerca de mí, que Tú no me abandonas’? La vida cristiana debe ser esto: un diálogo con Jesús, porque, esto es verdad, Jesús siempre está con nosotros, siempre está con nuestros problemas, con nuestras dificultades, con nuestras obras buenas […]

¡Cuántas veces nosotros los cristianos ‘no somos alegres, porque tenemos miedo!’. Cristianos que ‘han sido vencidos’ en la cruz […]

En mi tierra hay un dicho que dice así: ‘Cuando uno se quema con la leche hirviendo, después, cuando ve una vaca, llora’. Y éstos se habían quemado con el drama de la cruz y dijeron: ‘No, detengámonos aquí; Él está en el Cielo; muy bien, ha resucitado, pero que no venga otra vez aquí, porque ya no podemos más’. Pidamos al Señor que habla con todos nosotros lo que ha hecho con los discípulos, que tenían miedo de la alegría: que abra nuestra mente: ‘Entonces, les abrió la mente para comprender las Escrituras’; que abra nuestra mente y que nos haga comprender que Él es una realidad viva, que Él tiene cuerpo, que Él está con nosotros, que nos acompaña y que Él ha vencido. Pidamos al Señor la gracia de no tener miedo de la alegría.”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 11 de Abril de 2014

El diablo existe, es el príncipe de este mundo, y no quiere que sigamos a Cristo, lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de Santa Marta. Jesús venció al mal, Él también fue tentado, y ésta es una lucha que todo hombre, que todo cristiano debe afrontar. La tentación comienza levemente, pero crece y luego contagia a otros porque trata de ser comunitaria.

“La vida de Jesús ha sido una lucha. Vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio. Una lucha que debe afrontar todo cristiano. El demonio tentó a Jesús tantas veces, y Jesús sintió en su vida las tentaciones, también las persecuciones. Los cristianos que queremos seguir Jesús debemos conocer bien esta verdad […]

También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica […]

Tenemos una tentación que crece: crece y contagia a los demás. Pensemos en una habladuría, por ejemplo: yo siento un poco de envidia por aquella persona, por aquella otra, y antes tengo la envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y a va a lo de otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y trata de crecer y contagia a otro, a otro… Pero éste es el mecanismo de las habladurías ¡y todos nosotros hemos sido tentados de caer en las habladurías! Quizá alguno de ustedes no, si es santo, ¡pero también yo estoy tentado por las habladurías! Esta es una tentación cotidiana. Comienza así, suavemente, como el hilo de agua. Crece por contagio y, al final, se justifica […]

Todos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo, el diablo, no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de ustedes, tal vez, no sé, podría decir: ‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el Siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él.”

Fuente:Vaticanes

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 Homilía 8 de Abril de 2014

El Papa Francisco explicó en su homilía matutina que el cristianismo no es una doctrina filosófica o un programa de vida para sobrevivir, no es una cultura con valores y ciertos mandamientos de conducta, estas son meras consecuencias. Cristo murió por nuestros pecados y la cruz no es un ornamento o un símbolo sino que es el misterio del amor de Dios por los hombres.

“No hay posibilidad de salir solos de nuestro pecado. No hay posibilidad. Estos doctores de la ley, estas personas que enseñaban la ley, no tenían una idea clara sobre esto. Creían, sí, en el perdón de Dios, pero se sentían fuertes, suficientes, sabían todo. Y al final habían hecho de la religión, de la adoración a Dios, una cultura con los valores, las reflexiones, ciertos mandamientos de conducta para ser educados, y pensaban, sí, que el Señor puede perdonar, lo sabían, pero estaban demasiado lejos de todo esto […]

El cristianismo no es una doctrina filosófica, no es un programa de vida para sobrevivir, para ser educados, para hacer la paz. Éstas son consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada, en la Cruz, una persona que se anonadó a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto fue elevado el pecado, aquí ha sido elevado Dios, hecho hombre y hecho pecado por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí. No se comprende el cristianismo sin entender esta humillación profunda del Hijo de Dios, que se humilló a sí mismo haciéndose siervo hasta la muerte y muerte de Cruz, para servir […]

El corazón de la salvación de Dios es su Hijo, que tomó sobre sí todos nuestros pecados, nuestras soberbias, nuestras seguridades, nuestras vanidades, nuestras ganas de llegar a ser como Dios. Por eso un cristiano que no sabe gloriarse en Cristo crucificado no ha entendido lo que significa ser cristiano. Nuestras llagas esas que deja el pecado en nosotros, sólo se curan con las llagas del Señor, con las llagas de Dios hecho hombre, humillado, aniquilado. […]

Y éste es el misterio de la Cruz:
No es un ornamento, que nosotros debemos poner siempre en las iglesias, sobre el altar, allí. No es un símbolo que nos distingue de los demás. La Cruz es el misterio, el misterio del amor de Dios, que se humilla a sí mismo, se hace ‘nada’, se hace pecado. ¿Dónde está tu pecado? ‘No lo sé, tengo tantos aquí. No, tu pecado está allí, en la Cruz. Ve a buscarlo ahí, en las llagas del Señor, y tu pecado será curado, tus llagas serán curadas, tu pecado será perdonado. El perdón que nos da Dios no es cancelar una cuenta que tenemos con Él: el perdón que nos da Dios son las llagas de su Hijo en la Cruz, elevado sobre la Cruz. Que Él nos atraiga hacia Él, y que nosotros nos dejemos curar.”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 7 de Abril de 2014

El Papa Francisco habló en su homilía de la grandeza que tiene la misericordia de Dios, que nos perdona sin humillar. Y centró su reflexión en el pasaje del evangelio en el que los escribas y fariseos se disponían a apedrear a María Magdalena por su pecado de adulterio.

El matrimonio es el símbolo y también una realidad humana de la relación de Dios con su pueblo. Y cuando se arruina el matrimonio con un adulterio, se ensucia esta relación de Dios con el pueblo. Pero los escribas y los fariseos plantean esta pregunta para tener un motivo para acusarlo: Si Jesús hubiera dicho: ‘Sí, sí, adelante con la lapidación’, habrían dicho a la gente: ‘Pero éste es su maestro tan bueno… ¡Miren qué cosa ha hecho con esta pobre mujer!’. Y si Jesús hubiera dicho: ‘¡No, pobrecita! ¡Perdónenla!’, habrían dicho: ‘¡No cumple la ley!’… A ellos no les importaba la mujer; no les importaban los adúlteros, quizá alguno de ellos era adúltero… ¡No les importaba! ¡Sólo les importaba tender una trampa a Jesús!. De ahí la respuesta del Señor: ‘¡Quien de ustedes esté sin pecado, arroje la primera piedra contra ella!'[…]

El Evangelio dice que los acusadores se fueron, uno a uno, comenzando por los más ancianos. Se ve que éstos en el banco del cielo tenían una buena cuenta corriente contra ellos. Y Jesús permanece solo con la mujer, como un confesor, diciéndole: ‘Mujer, ¿dónde están los demás? ¿Nadie te ha condenado?’  Estamos solos, tú y yo. Tú ante Dios, sin las acusaciones, sin las habladurías. ¡Tú y Dios! ¿Nadie te ha condenado?. La mujer responde: ‘¡Nadie Señor!’, pero no dice: ¡Ha sido una falsa acusación! ¡Yo no cometí adulterio!. Reconoce su pecado. Y Jesús afirma: ‘¡Ni siquiera yo te condeno! Ve, ve y de ahora en adelante no peques más’, para no pasar un feo momento como este; para no pasar tanta vergüenza; para no ofender a Dios, para no ensuciar la hermosa relación entre Dios y su pueblo. ¡Jesús perdona!. Pero aquí se trata de algo más que el perdón […]

Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: ‘¡El adulterio no es pecado!’. ¡No lo dice! Pero no la condena con la ley. Y éste es el misterio de la misericordia. Éste es el misterio de la misericordia de Jesús. La misericordia es algo difícil de comprender […]

Pero, ‘Padre, la misericordia ¿borra los pecados?’. ‘No, ¡lo que borra los pecados es el perdón de Dios!’. La misericordia es el modo con que Dios perdona. Porque Jesús podía decir: ‘Yo te perdono. ¡Ve!’, como dijo a aquel paralítico que le habían presentado desde el techo: ‘¡Te son perdonados tus pecados!’. Aquí dice: ‘¡Ve en paz!’. Jesús va más allá. Le aconseja que no peque más. Aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús: defiende al pecador de sus enemigos; defiende al pecador de una condena justa. También nosotros, cuántos de nosotros, quizá deberíamos ir al infierno, ¿cuántos de nosotros? Y esa condena es justa… y Él perdona más allá. ¿Cómo? ¡Con esta misericordia! […]

La misericordia va más allá y hace la vida de una persona de tal modo que el pecado es arrinconado.

Es como el cielo:
Nosotros miramos el cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando sale el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura. Dios perdona pero no con un decreto, sino con una caricia, acariciando nuestras heridas del pecado. Porque Él está implicado en el perdón, está implicado en nuestra salvación. Y así Jesús hace de confesor: no la humilla, no le dice ‘¡Qué has hecho, dime! ¿Y cuándo la has hecho? ¿Y cómo lo has hecho? ¿Y con quién lo has hecho?’. ¡No! ‘¡Ve, ve y de ahora en adelante no peques más!’. Es grande la misericordia de Dios, es grande la misericordia de Jesús. ¡Perdonarnos, acariciándonos!”

Fuente: Vaticanes

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Homilía 4 de Abril de 2014

La historia nos demuestra, tal como vimos que ocurrió con Jesucristo, que el poder siempre intenta silenciar a los profetas, pero el espíritu no se puede encerrar. Es el discurso que sostuvo durante su homilía el Papa Francisco.

El evangelio de hoy es claro, ¿no? Jesús se escondía, en estos últimos días, porque todavía no había llegado su hora; pero Él sabía cual habría sido su fin, cómo sería su fin. Y Jesús es perseguido desde el principio: recordemos cuando al inicio de su predicación regresa a su pueblo, va a la sinagoga y predica; inmediatamente después de una gran admiración inicial, empiezan: ‘¿Pero éste, sabemos de dónde es? ¿Este es uno de los nuestros? ¿Pero con qué autoridad viene a enseñarnos? ¿Dónde estudió?’. ¡Lo descalifican! Es el mismo discurso, ¿no? “¡Pero éste sabemos de dónde es! Cristo, en cambio, cuando vendrá nadie sabrá de dónde es!’. Descalificar al Señor, descalificar al profeta para quitarle la autoridad! […]

También tantos pensadores de la Iglesia fueron perseguidos. Pienso en uno, ahora, en este momento, no lejos de nosotros, un hombre de buena voluntad, un profeta de verdad, que con sus libros reprochaba a la Iglesia de alejarse del camino del Señor. Pronto fue llamado al orden, sus libros puestos en el índice, le quitaron la cátedra y así para este hombre terminó su vida: no hace mucho de esto. ¡Pasó el tiempo y hoy es beato! ¿Pero cómo es que ayer era un hereje y hoy es beato? Porque ‘ayer los que tenían el poder querían silenciarlo, ya que no les gustaba lo que decía. Hoy la Iglesia, que gracias a Dios sabe arrepentirse, dice: ‘No, este hombre es bueno!’. Es más, está en el camino de la santidad: es un beato […]

Pero existe la pena de muerte o el encarcelamiento por tener el Evangelio en casa, por enseñar el catecismo, hoy en alguna parte! Me decía un católico de estos países en los que no se puede orar juntos. ¡Está prohibido! Sólo se puede rezar solos o escondidos. Pero ellos quieren celebrar la Eucaristía y ¿cómo pueden hacerlo? Hacen una fiesta de cumpleaños, fingen celebrar el cumpleaños y allí celebran la Eucaristía, antes de la fiesta. ¡Y esto ha sucedido! Cuando ven que llega la policía, rápidamente ocultan todo y ‘Felicidad, felicidad. ¡Feliz cumpleaños! ‘Y prosigue con la fiesta. Luego, cuando se van, terminan la Eucaristía. Así tienen que hacer, ya que está prohibido rezar juntos. ¡Hoy en día!

Pero, al final, termina siempre de nuevo, como el Señor: con una Resurrección, pero ¡pasando por la Cruz! ¡Habrán persecuciones, incomprensiones! Pero Jesús es el Señor, y ese es el desafío y la Cruz de nuestra fe”. Que el Señor, concluyó el Papa, “nos dé la gracia para seguir su camino y, si ocurre, incluso con la cruz de la persecución.”

Fuente: LaudateDominum

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Homilía 3 de Abril de 2014

El Papa Francisco animó durante la homilía a hablar con Dios como con un amigo. Hablar de nuestros problemas, de lo que nos preocupa, pedirle consejo, como hacía el propio Moises. Esta es la oración que nos cambia el corazón, afirmó el Papa.

“La oración nos cambia el corazón. Nos hace comprender mejor cómo es nuestro Dios. Pero para esto es importante hablar con el Señor, no con palabras vacías. Jesús dice: ‘Como hacen los paganos. No, no: hablar con la realidad: ‘Pero, mira, Señor, que tengo este problema, en la familia, con mi hijo, con este, con el otro… ¿Qué se puede hacer? ¡Pero mira que tú no me puedes dejar así!’. ¡Ésta es la oración! ¿Pero tanto tiempo lleva esta oración? Sí, lleva tiempo […]

La Biblia dice que Moisés hablaba cara a cara con el Señor, como con un amigo. Así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones. Y también reprochando un poco al Señor: ‘Pero, tú me has prometido esto, y esto no lo has hecho…’, así, como se habla con un amigo. Abrir el corazón a esta oración. Moisés bajó del monte fortalecido: ‘He conocido más al Señor’, y con esa fuerza que le había dado la oración, retoma su trabajo de conducir al pueblo hacia la Tierra prometida. Porque la oración fortalece: fortalece. Que el Señor nos dé a todos nosotros la gracia, porque rezar es una gracia […]

En toda oración está el Espíritu Santo, no se puede rezar sin el Espíritu Santo. Es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a llamar a Dios ‘Padre’. Pidamos al Espíritu Santo que Él nos enseñe a rezar, sí, como ha rezado Moisés, a negociar con Dios, con libertad de espíritu, con coraje. Y que el Espíritu Santo, que siempre está presente en nuestra oración, nos conduzca por este camino […]

Fuente: LaudateDominum

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Homilía 1 de Abril de 2014

El Papa Francisco critica duramente tanto a los católicos sin entusiasmo que han perdido el celo apostólico al ser engullidos por la pereza y el miedo a correr riesgos como a los cristianos formalistas que se olvidan de la gracia de Dios. El Santo Padre meditó el pasaje del Evangelio que relata el encuentro entre Jesús y el paralítico quien, enfermo desde hacía 38 años, se encontraba debajo de los pórticos de la piscina, esperando la curación. Este hombre se lamentaba porque no lograba sumergirse, porque siempre lo precedía otra persona. Pero Jesús le ordena que se levante, que vaya. Un milagro que provoca las críticas de los fariseos, porque era sábado y decían que ese día no se podía hacer algo semejante.

“Yo pienso en tantos cristianos, tantos católicos: ¡Sí, son católicos, pero sin entusiasmo, e incluso amargados! ‘Sí, es la vida, es así, pero la Iglesia… Yo voy a Misa todos los domingos, pero mejor no implicarse, tengo fe para mi saludo, no siento la necesidad de ir a darla a otro…’. Cada uno en su casa, tranquilos por la vida… Sí tú haces algo, después te reprochan: ‘No, es mejor así, no correr riesgos…’”. Es la enfermedad de la pereza, de la pereza de los cristianos. Esta actitud que paraliza el celo apostólico, que hace de los cristianos personas quietas, tranquilas, pero no en el buen sentido de la palabra: ¡que no se preocupan por salir para anunciar el Evangelio! Personas anestesiadas […]

Y la anestesia es una experiencia negativa. Ese no implicarse que se convierte en “pereza espiritual. Es la pereza, es una tristeza: estos cristianos son tristes, no son personas luminosas, son personas negativas. Y ésta es una enfermedad nuestra, de los cristianos. Vamos a Misa todos los domingos, pero decimos: por favor no molestar. Estos cristianos sin celo apostólico no sirven, no hacen bien a la Iglesia […]


Y cuántos cristianos son así. Egoístas, para sí mismos. Éste es el pecado de la pereza que va contra el celo apostólico, contra las ganas de dar la novedad de Jesús a los demás, esta novedad que a mí me ha sido dada gratuitamente. Pero en este pasaje del Evangelio encontramos también otro pecado cuando vemos que Jesús es criticado por haber curado a un enfermo un sábado. El pecado del formalismo: cristianos que no dejan lugar a la gracia de Dios. Y la vida cristiana, la vida de esta gente es tener todos los documentos en regla, todos los certificados. Cristianos hipócritas, como estos. A ellos sólo les interesaban las formalidades. ¿Era sábado? No, no se pueden hacer milagros el sábado, la gracia de Dios no puede actuar el sábado. ¡Cierran la puerta a la gracia de Dios! ¡Tenemos tantos en la Iglesia, tenemos tantos! Es otro pecado. Los primeros, los que cometen el pecado de la pereza, no son capaces de ir adelante con el celo apostólico, porque han decidido detenerse en sí mismos, en sus tristezas, en sus resentimientos, en todo eso. Estos no son capaces de llevar la salvación porque cierran la puerta a la salvación […]

Para ellos cuentan sólo las formalidades. ‘No se puede’: es la palabra que más usan. También nosotros tantas veces hemos tenido pereza, o hemos sido hipócritas como los fariseos. Son tentaciones que vienen, pero debemos conocerlas para defendernos. Ante estas dos tentaciones, ante ese hospital de campaña, allí, está el símbolo de la Iglesia. Ante tanta gente herida, Jesús se acerca y les pregunta: ‘¿Quieren curarse?’ y les da la gracia. La gracia hace todo[…]


Y después, cuando se encuentra nuevamente con el paralítico, le dice: ‘no peque más’. Las dos palabras cristianas: ‘¿quieres curarte?’ y ‘no pecar más’. Pero primero lo cura. Primero lo curó, después ‘no pecar más’. Palabras dichas con ternura, con amor. Y éste es el camino cristiano, el camino del celo apostólico: acercarse a tantas personas, heridas en este hospital de campaña, y también tantas veces heridas por los hombres y las mujeres de la Iglesia. Es una palabra de hermano y de hermana: ¿quieres curarte? Y después, cuando va adelante: ‘¡Ah, no peques más, que no hace bien!’. Es mucho mejor esto: las dos palabras de Jesús son más bellas que la actitud de la pereza o la actitud de la hipocresía”


Fuente: LaudateDominum

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6 comentarios el “Francisco desde Santa Marta

  1. Mabel Susana Herrera
    mayo 16, 2013

    espectacular,moderno,con enganche.rezo todos los días por el,soy argentina como el,estoy super orgullosa de que sea nuestro pastor.

    • yorezoxelpapa
      mayo 16, 2013

      ¡Todos estamos orgullosos de tener un Papa como Francisco! Gracias por rezar por él Mabel, y si tienes tiempo colabora con #YoRezoXelPapa dejando una oración en comentarios dentro de nuestro apartado de “Oraciones por el Papa Francisco”

  2. Miguel Angel
    mayo 22, 2013

    Enhorabuena por el trabajo bien hecho. Como bien decís todos estamos orgullosos del regalo que nos ha hecho el Espíritu Santo, con el Papa Francisco. Adelante en vuestra taréa de seguir evangelizando desde las redes sociales, el nuevo “atrio de los gentiles”.

  3. eblin bracho
    junio 3, 2013

    Muchisimas gracias por tomarse el tiempo y hacer llegar las homilias del Papa!!!! Siento que soy afortunada por poder tenerlas y m sirven de meditacion y de accion para el dia dia!!! En mi familia estamos acostubrados al salir d casa cuando vamos al colegio y al trabvajo rezar sobre todo por las intenciones diarias del papa… Sobre todo por lo que tiene en su corazon!! Que el papa Francisco desde aqui de Venezuela cuente con esta familia y el esfuertzo y empeño que hacemos diariamente por ser cada vez mejores cristianos!!!

  4. Anna Maria
    septiembre 24, 2013

    Grácias Papa Francisco, tus homilias nos reconfortan, y nos ayudan a ser cada vez mejor., desde Barcelona (España) rezo por todos nosotros y para que la Paz del mundo sea una realidad. Que el Espíritu Santo ilumine a todos por el bien de la humanidad.

  5. maria del carmen diaz
    mayo 11, 2015

    Querido Francisco:
    soy de argentina, flores, capital, quisiera poder concurrir a su misa matutina, estare en Roma el 14-10-2015 somos 2 personas que vamos a representar a la parroquia San Vicente de Paul, ( de parte del padre Juan Pedro Aquino y padre Jorge Maidana) queremos tener su bendicion, me haria muy feliz que me responda por mail, para concurrir a su misa.
    Rezamos por ud, francisco querido, dios lo bendiga.
    Maria del Carmen Diaz

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