YoRezoXelPapa

noticias y testimonio de oración

El Papa Francisco pone firmes a los nuevos príncipes de la iglesia

papa Francisco ordenación cardenales_mario poli

El pasado sábado asistimos a una emotiva ceremonia, a la que asistió incluso el papa emérito Benedicto XVI, y en la que el Papa Francisco puso firmes a 19 nuevos cardenales que se convirtieron en príncipes de la Iglesia Católica mediante la imposición de la birreta, la entrega del anillo y la asignación del título.

El Papa Bergoglio instó a los nuevos Cardenales que tuvieran siempre presente que “Jesús no vino a enseñar una filosofía o ideología,… sino un camino”, el camino de la Cruz, el camino de la pasión, muerte y resurrección. Y les recordó el mensaje central de su primera misa como pontífice en la Capilla Sixtina: “el Señor nos ha propuesto: caminar, y después construir y confesar”. También señaló que la Iglesia necesita su colaboración y comunión con el Papa y entre sí, valentía para anunciar el Evangelio, testimonio y oración.

Por último, subrayó que deben ser compasivos, especialmente en este momento en el que muchos padecen sufrimiento y dolor en tantos países del mundo. Y les pidió que recen y luchen por la paz, implorando que sean “artesanos de la paz”, reaccionando con bien ante el mal. “¡Debemos luchar contra toda discriminación!”. Y dedicó un recuerdo especial a las comunidades eclesiales y a los cristianos que padecen discriminaciones y persecuciones, extendiendo su solicitud de oración por todos los que sufren persecución por sus convicciones religiosas.

Texto completo de la homilía del Santo Padre Francisco:

«Y Jesús iba delante de ellos…» (Mc 10, 32)

“También en este momento Jesús camina delante de nosotros. Él siempre está delante de nosotros. Él nos precede y nos abre el camino… Y ésta es nuestra confianza y nuestra alegría: ser discípulos suyos, estar con él, caminar detrás de él, seguirlo…
Cuando con los cardenales hemos concelebrado juntos la primera Misa en la Capilla Sixtina, «caminar» ha sido la primera palabra que el Señor nos ha propuesto: caminar, y después construir y confesar.

Hoy vuelve esta palabra, pero como un acto, como una acción de Jesús que continúa: «Jesús caminaba…». Nos llama la atención esto en los evangelios: Jesús camina mucho e instruye a los suyos a lo largo del camino. Esto es importante. Jesús no ha venido a enseñar una filosofía, una ideología…, sino un «camino», una senda para recorrerla con él, y la senda se aprende haciéndola, caminando. Sí, queridos hermanos, esta es nuestra alegría: caminar con Jesús.

Y esto no es fácil, no es cómodo, porque la senda que Jesús elije es el camino de la cruz. Mientras van de camino, él habla a sus discípulos de lo que le sucederá en Jerusalén: anuncia su pasión, muerte y resurrección. Y ellos se quedan «sorprendidos» y «asustados». Sorprendidos, ciertamente, porque para ellos subir a Jerusalén significaba participar en el triunfo del Mesías, en su victoria, como se ve luego en la petición de Santiago y Juan; y asustados por lo que Jesús habría tenido que sufrir, y que también ellos corrían el riesgo de padecer.

A diferencia de los discípulos de entonces, nosotros sabemos que Jesús ha vencido, y no deberíamos tener miedo de la cruz, aún más, en la Cruz tenemos nuestra esperanza. No obstante, también nosotros somos humanos, pecadores, y estamos expuestos a la tentación de pensar según el modo de los hombres y no de Dios.

Y cuando se piensa de modo mundano, ¿cuál es la consecuencia? Dice el Evangelio: «Los otros diez se indignaron contra Santiago y Juan». Ellos se indignaron. Si prevalece la mentalidad del mundo, surgen las rivalidades, las envidias, los bandos…

Así pues, esta palabra que hoy nos dirige el Señor es muy saludable. Nos purifica interiormente, ilumina nuestra conciencia y nos ayuda a ponernos en plena sintonía con Jesús, y a hacerlo juntos, en el momento en que el Colegio de Cardenales se incrementa con el ingreso de nuevos miembros.

«Llamándolos Jesús a sí…» (Mc 10, 42). He aquí el otro gesto del Señor. Durante el camino, se da cuenta de que necesita hablar a los Doce, se detiene y los llama a sí. Hermanos, dejemos que el Señor Jesús nos llame a sí. Dejémonos convocar por él. Y escuchémosle con la alegría de acoger juntos su palabra, de dejarnos enseñar por ella y por el Espíritu Santo, para ser cada vez más un solo corazón y una sola alma alrededor de él.

Y mientras estamos así, convocados, «llamados a sí» por nuestro único Maestro, también yo les digo lo que la Iglesia necesita: tiene necesidad de ustedes, de su colaboración y, por encima de todo, de su comunión, conmigo y entre ustedes. La Iglesia necesita su valor para anunciar el Evangelio en toda ocasión, oportuna e inoportunamente, y para dar testimonio de la verdad. La Iglesia necesita sus oraciones, ¡no lo olvidemos!, para el buen camino del rebaño de Cristo, la oración que, con el anuncio de la Palabra, es el primer deber del Obispo. La Iglesia necesita su compasión sobre todo en estos momentos de dolor y sufrimiento en tantos países del mundo. Expresemos juntos nuestra cercanía espiritual a las comunidades eclesiales y a todos los cristianos que sufren discriminación y persecución. ¡Debemos luchar contra toda discriminación! La Iglesia necesita que recemos por ellos, para que sean fuertes en la fe y sepan reaccionar con el bien ante el mal. Y esta oración nuestra se extiende a todos los hombres y mujeres que padecen injusticia a causa de sus convicciones religiosas.

La Iglesia también necesita de nosotros para que seamos hombres de paz y construyamos la paz con nuestras obras, nuestros deseos, nuestras oraciones: ¡hacer la paz! ¡Artesanos de la paz! por ello imploramos la paz y la reconciliación para los pueblos que en estos tiempos sufren la prueba de la violencia, de la exclusión y de la guerra.

Gracias, queridos hermanos. ¡Gracias! Caminemos juntos tras el Señor, y en medio del Pueblo fiel, del santo Pueblo fiel de Dios, dejémonos convocar cada vez más por él a la Santa Madre Iglesia. ¡Gracias!”.

Al día siguiente, el Papa Francisco celebró la Santa Misa en la basílica Vaticana con los purpurados y de nuevo les transmitió algunas claves de este servicio: ponerse en manos del Espíritu santo, humildad, amar incluso a quien no lo merece y ser santos. Recordó que la Iglesia de Roma no es una corte, y no tiene por tanto cabida el comportamiento cortesano: intrigas, habladurías, camarillas, favoritismos, preferencias.

Homilía del Papa Francisco en la Misa del Domingo con los cardenales:

‘Que tu ayuda, Padre misericordioso, nos haga siempre atentos a la voz del Espíritu’

Esta oración del principio de la Misa indica una actitud fundamental: la escucha del Espíritu Santo, que vivifica la Iglesia y el alma. Con su fuerza creadora y renovadora, el Espíritu sostiene siempre la esperanza del Pueblo de Dios en camino a lo largo de la historia, y sostiene siempre, como Paráclito, el testimonio de los cristianos. En este momento, junto con los nuevos cardenales, queremos escuchar la voz del Espíritu, que habla a través de las Escrituras que han sido proclamadas.

En la Primera Lectura ha resonado el llamamiento del Señor a su pueblo: “Sean santos, porque yo, su Señor Dios, soy santo” (Lv 19, 2). Y Jesús, en el Evangelio, replica: ‘ean perfectos, como su Padre celestial es perfecto’ (Mt 5, 48). Estas palabras nos interpelan a todos nosotros, discípulos del Señor; y hoy se dirigen especialmente a mí y a ustedes, queridos hermanos cardenales, sobre todo a los que ayer han entrado a formar parte del Colegio Cardenalicio. Imitar la santidad y la perfección de Dios puede parecer una meta inalcanzable. Sin embargo, la Primera Lectura y el Evangelio sugieren ejemplos concretos de cómo el comportamiento de Dios puede convertirse en la regla de nuestras acciones. Pero recordemos, todos nosotros recordemos, que, sin el Espíritu Santo, nuestro esfuerzo sería vano. La santidad cristiana no es en primer término un logro nuestro, sino fruto de la docilidad, querida y cultivada, al Espíritu del Dios, tres veces Santo.

El Levítico dice: ‘No odiarás de corazón a tu hermano… No te vengarás, ni guardarás rencor… sino que amarás a tu prójimo…’ (19, 17-18). Estas actitudes nacen de la santidad de Dios. Nosotros, sin embargo, somos tan diferentes, tan egoístas y orgullosos…; pero la bondad y la belleza de Dios nos atraen, y el Espíritu Santo nos puede purificar, nos puede transformar, nos puede modelar día a día. En este trabajo de conversión, conversión del corazón, conversión a la cual todos nosotros, especialmente ustedes cardenales y yo, debemos hacer.

También Jesús nos habla en el Evangelio de la santidad, y nos explica la nueva ley, la suya. Lo hace mediante algunas antítesis entre la justicia imperfecta de los escribas y los fariseos y la más alta justicia del Reino de Dios. La primera antítesis del pasaje de hoy se refiere a la venganza. ‘Han oído que se les dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo les digo: …si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra” (Mt 5,38-39). No sólo no se ha de devolver al otro el mal que nos ha hecho, sino que debemos de esforzarnos por hacer el bien con largueza.

La segunda antítesis refiere a los enemigos: ‘Han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo, en cambio, les digo: ‘Amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen'(vv. 43-44). A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo. Hermanos cardenales Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía. Para esto no era necesario que bajara del cielo y muriera en la cruz. Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino es la misericordia. Este camino que Él ha hecho y que cada día hace con nosotros. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros.

Queridos hermanos cardenales, el Señor Jesús y la Madre Iglesia nos piden testimoniar con mayor celo y ardor estas actitudes de santidad. Precisamente en este suplemento de entrega gratuita consiste la santidad de un cardenal. Por tanto, amemos  a quienes nos contrarían; bendigamos a quien habla mal de nosotros; saludemos con una sonrisa al que tal vez no lo merece; no pretendamos hacernos valer, contrapongamos más bien la mansedumbre a la prepotencia; olvidemos las humillaciones recibidas. Dejémonos guiar siempre por el Espíritu de Cristo, que se sacrificó a sí mismo en la cruz, para que podamos ser “cauces” por los que fluye su caridad. Ésta es la actitud, éste  es el comportamiento de un cardenal. El cardenal, especialmente a ustedes se los digo, entra en la Iglesia de Roma, no en una corte. Evitemos todos y ayudémonos unos a otros a evitar hábitos y comportamientos cortesanos: intrigas, habladurías, camarillas, favoritismos, preferencias. Que nuestro lenguaje sea el del Evangelio: “Sí, sí; no, no”; que nuestras actitudes sean las de las Bienaventuranzas, y nuestra senda la de la santidad. Pidamos nuevamente tu ayuda misericordiosa para que nos vuelva siempre atentos a la voz del Espíritu.

El Espíritu Santo nos habla hoy por las palabras de san Pablo: “Son templo de Dios…; santo es el templo de Dios, que son ustedes “ (cf. 1 Co 3, 16-17). En este templo, que somos nosotros, se celebra una liturgia existencial: la de la bondad, del perdón, del  servicio; en una palabra, la liturgia del amor. Este templo nuestro resulta como profanado si descuidamos los deberes para con el prójimo. Cuando en nuestro corazón hay cabida para el más pequeño de nuestros hermanos, es el mismo Dios quien encuentra puesto. Cuando a ese hermano se le deja fuera, el que no es bien recibido es Dios mismo. Un corazón vacío de amor es como una iglesia desconsagrada, sustraída al servicio divino y destinada a otra cosa.

Queridos hermanos cardenales, permanezcamos unidos en Cristo y entre nosotros. Les pido su cercanía con la oración, el consejo, la colaboración. Y todos ustedes, obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y laicos, únanse en la invocación al Espíritu Santo, para que el Colegio de Cardenales tenga cada vez más ardor pastoral, esté más lleno de santidad,  para servir al Evangelio y ayudar a la Iglesia a irradiar el amor de Cristo en el mundo.”


Los nuevos cardenales son:

– Arzobispo Pietro Parolin, Secretario de Estado.
-Arzobispo Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos
– Arzobispo Gerhard Ludwig Müller, emérito de Regensburg (Alemania) Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
– Arzobispo Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero.
– Arzobispo Vincent Nichols, de Westminster (Gran Bretaña).
– Arzobispo Leopoldo José Brenes Solórzano, de Managua (Nicaragua).
– Arzobispo Gérald Cyprien Lacroix, de Québec (Canadá).
– Arzobispo Jean-Pierre Kutwa, de Abidjan (Costa de Marfil).
– Arzobispo Orani João Tempesta, O. Cist., de Río de Janeiro (Brasil).
– Arzobispo Gualtiero Bassetti, de Perugia-Città della Pieve (Italia).
– Arzobispo Mario Aurelio Poli, de Buenos Aires (Argentina).
– Arzobispo Andrew Yeom Soo jung, de Seúl (Corea).
– Arzobispo Ricardo Ezzati Andrello, S.D.B., de Santiago del Chile (Chile).
– Arzobispo Philippe Nakellentuba Ouédraogo, de Ouagadougou (Burkina Faso).
– Arzobispo Orlando B. Quevedo, O.M.I., de Cotabato (Filipinas)
– Arzobispo Chibly Langlois, de Les Cayes (Haití).
Los tres Arzobispos eméritos son:
– Arzobispo Loris Francesco Capovilla, Ex Prelado del Santuario de Loreto (Italia) y ex secretario personal del beato Juan XXIII.
– Arzobispo Fernando Sebastián Aguilar, C.M.F., emérito de Pamplona (España)
– Arzobispo Kelvin Edward Felix, emérito de Castries (Santa Lucía).

A la ceremonia acudió el papa emérito Benedicto XVI, que sigue dando ejemplo de su gran humildad y apoyo incondicional al Papa Francisco.

Vídeo resumen de la ordenación de 19 nuevos cardenales

Anuncios

Acerca de YoRezoXelPapa

Iniciativa para promover las oraciones por el Papa Francisco y contenidos relacionados con el Pontificado.

Un comentario el “El Papa Francisco pone firmes a los nuevos príncipes de la iglesia

  1. Pingback: Bertone pone a prueba el mensaje del Papa Francisco | YoRezoXelPapa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en febrero 24, 2014 por en Historia, Homilías, Vídeos y etiquetada con , , , , , , , , .

Hoy en Twitter

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

botonfacebook_yorezoxelpapa
Banner Promo My feelings

Categorías

YoRezoXelPapa

YoRezoXelPapa

Iniciativa para promover las oraciones por el Papa Francisco y contenidos relacionados con el Pontificado.

Enlaces personales

Ver perfil completo →

YoRezoXelPapa

Asociación sin ánimo de lucro inscrita con el número 604966 en el Registro Nacional de Asociaciones (España)
Información legal
A %d blogueros les gusta esto: